Por el camino a Las Palmas a unos ochocientos metros de la puerta del Romero, camino a Ocoa por entre cerros, existe una inmensa roca donde se ve nítida la imagen de un diablo con tridente cachos y cola.

Lo curioso es que esta ahí, formando parte de la roca, ni sobre ni bajo relieve, es la roca misma.

Su estatura es la de una persona normal. La leyenda dice que ésta fue la señal que dejó un minero que al descubrir una mina de oro y por temor a que lo mataran, dejó estampada, esta figura que señalaría el lugar de la veta según cayeran los rayos del sol sobre su tridente.

Otros aseguran que el minero hizo un pacto con el diablo y que al perder su alma, el diablo triunfante dejó la marca en la roca al apoyarse en ella. Y muchos son los turistas que cada verano parten desde Quebrada Alvarado a caballo por los cerros para ver y fotografiar esta roca.

Los lugareños dicen que cuando la gente va con malas intenciones (deseos de hacer fortuna fácil), se llevan trozos de la roca. Al llegar a sus casas ocurren cosas místeriosas: ruidos extraños, gritos en la noche, incendios espontáneos, etc..

Para librarse del maleficio deben volver al lugar y dejar las rocas donde las encontraron.